La psicología positiva en el ámbito empresarial

Crear espacio para la variedad: esa es una de mis misiones personales. Pero no siempre es tan sencillo.

Hace poco me encargaron impartir una formación a los responsables del departamento de producción de una empresa industrial. El objetivo: mejorar la comunicación con sus empleados, liderar de forma más eficaz, motivar al personal y conseguir su compromiso.

«No hay problema», pensé para mis adentros; «ya he impartido este tipo de formación unas 100 veces, a personas de los más diversos sectores y entornos laborales».

Mi objetivo y mi principal motivación siempre han sido aportar ideas e inspiración sobre cómo podemos mejorar un poco el día a día, tanto para nosotros mismos como para las personas que nos rodean. Me gusta ofrecer una variedad de contenidos para que mis participantes puedan elegir lo que más les convenga. El resultado suele ser un grupo de participantes muy motivados.

Y entonces me di cuenta de la realidad: en el taller, el viento en contra y la frustración me azotaban con fuerza en la cara.

«Más le vale que me explique cómo se supone que debo dirigir a personas que están al límite de sus fuerzas debido al trabajo por turnos y a tareas físicamente exigentes, y que solo quieren una cosa de mí como motivación: más dinero para poder, al menos, ganarse la vida para ellos y sus familias. O a aquellos que no hablan mi idioma en absoluto».

Visité las naves de producción; incluso el olor casi me dejó sin aliento. El ruido de las máquinas —casi insoportable para alguien acostumbrado a trabajar en una oficina como yo—. Los compañeros de trabajo eran los únicos responsables de una máquina cara y delicada; el trabajo era físicamente exigente, se realizaba por turnos y apenas había oportunidad de comunicarse con los compañeros, que o bien llevaban orejeras o no entendían el idioma, etc. Para no dar una impresión errónea: todo estaba en regla en lo que respecta a la legislación laboral. No obstante, desde mi punto de vista, se trataba de un mundo muy extraño, duro y estresante. ¿Cómo se supone que uno puede relacionarse adecuadamente con los empleados allí? ¿Cómo se pueden mantener conversaciones individuales, por no hablar de reuniones de equipo, con solo unos minutos de solapamiento entre el cambio de turno? ¿Cómo se puede saber cómo se encuentran las personas?

Nosotros —o, mejor dicho, los participantes— acabamos elaborando bastantes opciones válidas que podrían poner en práctica. Al final, todos regresaron a sus puestos de trabajo con un conjunto de ideas realistas adaptadas a cada uno. Satisfechos por haber pensado de forma innovadora y haber reflexionado en un ambiente tranquilo. Llenos de esperanza de poder ponerlas en práctica y lograr mejoras.

¿Cómo llegaron hasta allí? ¿Cuáles fueron sus principales conclusiones?

  • Reconocer la realidad de una situación de liderazgo complicada y ser consciente de que afrontarla no es fácil
  • Cultive la semilla del optimismo para darse cuenta de que siempre es posible mejorar un poco.
  • Refuerce su autoeficacia y céntrese en lo que está dentro de sus posibilidades.
  • Tome conciencia de sus puntos fuertes, en lugar de fijarse en lo que podría resultar difícil o en sus carencias, además de en las circunstancias externas.
  • Aclare cuáles son sus objetivos y cuál es la finalidad de su función de liderazgo.
  • Piense en cómo puede apoyar a las personas que le rodean, aunque sea con pequeños gestos.
  • Descubra cómo puede cuidarse para mantener altos sus niveles de energía personal.
  • Tuve la oportunidad de observar cómo los elementos y las ideas fundamentales de la psicología positiva aportan a las personas una esperanza concreta y tangible, y les dan fuerzas para afrontar su día a día.

    Quiero expresar mi especial agradecimiento a todos estos magníficos responsables, que están realizando un trabajo extraordinario no solo con sus máquinas, sino también con las personas que les rodean. Personalmente, he aprendido a ser más humilde y he adquirido un enorme respeto por este entorno tan exigente, que va más allá de mi propio horizonte. Gracias por enseñarme una nueva faceta de los colores de la vida.

    Silvia Campos-González: Formadora, consultora y coach

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